








Dondequiera
que para o adondequiera que llega parece como si estuviera en el
pino de la corona. Al crecer el pino el autor también a crecido,
y cuando le quitaron una rama es como si al autor le doliera. A
veces el pino de la corona llama al autor para que vaya a
descansar a su paz como el término verdadero y eterno de mi
viaje por la vida.
Darbón es el médico de Platero, es muy grande gordo y un poco viejo. Aveces se traba hablando y agacha la cabeza por vergüenza y para corregirse. No le quedan apenas ni dientes ni muelas y sólo como bolas de migas de pan y cuando las mastica con las encías se le sube la barba a la nariz. En la puerta del banco, cuando se pone, tapa la casa. Pero es muy sensible. Y cuando ve una flor o un pájaro se ríe. Cuando mira para el cementerio llora por su niña.
En el seco y polvoriento corralón había un niño en la fuente y en los ojos parece estar escrito la palabra oasis. Ya hace calor de siesta y le da al niño el sol en la cabeza pero no lo siente ya que se está bañando. Habla solo se rasca entre sus harapos. El niño se recoge y cambia la forma del agua.
Platero y el autor
se llevan bien. Platero sabe lo que le gusta al autor, como por
ejemplo, cuando llegan al pino de
La hija del carbonero es bonita y sucia, sus ojos son negros. Está en la puerta de la choza, sentada, durmiendo a su hermano. Está todo tan en calma que se oye hasta a una olla cocer en el campo. Y la carbonera canta para dormir a su hermano. Descansa y sigue cantando. El viento está en calma y oyendo a su hermana cantar el niño se duerme.
Le habla a Platero sobre una acacia que sembró él y que fue creciendo hasta que le cubre con su franca. Hoy ocupa casi todo el corral y parece que no es la misma, el autor creo que no se acordará de él. Un árbol sembrado por él, acariciarlo o acariciar su rama graciosa no le trae ese pensamiento de poesía y entonces le entra un escalofrío y se tiene que ir del corral
Estaba derecha en una triste silla, blanca la cara y mate; el médico le había mandado salir al campo pero ella no podía. La voz se le caía y entonces le ofreció que se subiera en Platero. La gente se asombraba al verlos pasar y Platero iba con cuidado sabiendo que era muy frágil.
Le dijo a Platero que esperaran para ver las carretas. Lo leve limpio y lujoso para piropear a las muchachas y se pusieron detrás de la valla. Estaba lloviendo pero a la gente no le importaba. Pasaron primero en burros, mulas y caballos, todos muy contentos. Luego en sus carros blancos, todo en flor como un jardín. Se oía ya la música y entonces Platero se arrodilló como una mujer blando y humilde.
Legando al prado se ha echado bajo un pino y se ha puesto a leer por una señal que había. En lo alto se oye como un pájaro se come las semillas. Una sombra se acerca, es Platero que va a leer con el autor. El pájaro interrumpe una palabra y piensa que Ronsard se estaría riendo en el infierno.
XLIX.- EL TIO DE LAS VISTAS
De pronto el silencio de la calle se rompe, por un redoble de tambor; y los niños corriendo hacia el ruido van gritando que El Tío de las Vistas está ahí. Primero llegaron hasta el unos niños sin dinero que con las manos en los bolsillos o en la espalda le miraban atentamente. Después llegaron otros niños con su dinero preparado y el hombre se alegro. Más tarde se acerco Platero con la niña de enfrente y su perro. Y el hombre de broma le dijo a Platero que donde estaba su dinero y los niños se rieron.
L.-
El autor y Platero ven una flor por la que pasan, al lado, muchos días: toros, cabras, burros, … Los pájaros se ponen al lado, las abejas se posan en ella. Algunos días tiene agua de una nube de verano, … Y un día que pasó por allí había desaparecido y el autor pensaba lo que daría el otoño por la flor.
LI.-LORD
El autor estuvo enseñándole a los vecinos y a Platero una fotografía y ellos no veían nada en especia. El autor le decía a Platero que era Lord, el perrillo Fox Terrier del que le había hablado, sentado en un cojín. Y le dijo que se lo tuvieron que llevar porque otro perro le contrajo la rabia. Y al cabo de un tiempo murió y el padre del autor se puso triste ese día en que murió.
LII.-EL POZO
El autor dice que “pozo” es una palabra honda. Hay esmeraldas de colores y un lago quieto que al que si le tiras una piedra se pone a gruñir. Platero rebuzna sediento y anhelante y del pozo sale una golondrina asustada.
LIII.-ALBERCHIGOS
Un niño va vendiendo alberchigos con su burro por la calle y el autor y Platero lo ven. Así que cogiendo el autor a Platero fueron ellos también a vender alberchigos.

