








LXXXIII.-EL CANARIO SE MUERE
El
canario, que haciendo un esfuerzo la primavera pasada canto, se
ha muerto.
Los niños lloran, preguntándose por qué si no le faltaba de nada. Ha muerto simplemente de viejo.
-¿Habrá, Platero, un Cielo de los pájaros?
En la primavera lo veremos salir del corazón de una flor e inundarlo todo con su canto.
LXXXIV.-
- También tengo mi sitio preferido – confiesa a Platero Juan Ramón.
El sitio donde leo, desde donde veo ponerse el sol, donde me recreo pensando en los niños, donde juego con la niña chica, … la “Colina”. La “Colina” roja que se levanta sobre la viña vieja del Cubano.
LXXXV.-EL OTOÑO
El sol se está volviendo perezoso y el viento del Norte está empezando a despertarse.
El arado está rompiendo la tierra para sembrar el fruto que nos dará mañana.
LXXXVI.-EL PERRO ATADO
Compara al otoño con un perro atado, cada vez más solo, más mustio y más cansado de ladrar.
Cada vez se ven menos animales para compartir la soledad
LXXXVII.-
Cuando se encontraron la tortuga la cogieron un poco asustados gritando: -¡Una tortuga, una tortuga…
Don Joaquín les dijo que era una tortuga griega, porque era igual que la de un libro.
De niños le hicieron mil perrerías. Aparece y desaparece sin saber cuando ni de donde. Pero siempre se la ve igual, impasible, con su eternidad a cuestas.
LXXXVIII.-TARDE DE OCTUBRE
Soledad. Eso nos queda con la vuelta de los niños al colegio.
Platero, tan aburrido como yo, solo le queda buscarme y se entra en la casa conmigo.
LXXXIX.-ANTONIA
Antonilla, con su traje dominguero, quería pasar el arroyo que se sentía mocito.
Yo le ofrecí a Platero y aunque, al principio le subió el rubor, no lo penso. Dando un salto se encaramo en Platero que troto alegre sintiendo a la mozuela.
Me dio regaño y un poco iracundo le grite: ¡Platero!
XC.-EL RACIMO OLVIDADO
El otoño también tiene sus encantos.
Después de llover, cuando sale el sol es agradable ir al campo y ver su nuevo verde.
Un día de estos los niños se encontraron un racimo y todos lo querían.
Tuve que poner paz y repartir las cinco enormes uvas: Cuatro, para las cuatro niñas y la quinta… por unanimidad alborotada para Platero.
XCI.-ALMIRANTE
Cuando entro en el corral la primera vez fue una gran ilusión. De él aprendí la nobleza.
Cuando lo vendieron me costo una enfermedad que sólo curó el tiempo.
Me hubiera gustado que lo conocieras. Hubierais sido buenos amigos.
XCII.-VIÑETA
El otoño nos está quedando cada vez más solos, Platero.
Tendremos que buscar otros amigos: Un nuevo libro.
XCIII.-
Cuando miro Moguer
desde la calle de
A mí la que más me gusta es la del Carmen, la de los marineros, la que según Montemayor se ve en las escamas cuando reflejan al sol su arco iris.
XCIV.-PINITO
En estos días de otoño parece que la memoria se agranda y se recuerdan cosas sin saber por qué.
Te voy a contar quien era Pinito. Todos decían: …más tonto que Pinito.
¿Sería de verdad así?
Me arrepiento de no haber hablado más con él.
Murió el pobre como había vivido: como una sombra.
XCV.-EL RIO
Que pena que un río, en otro tiempo surcado por los barcos este muerto.
Rojo de muerte, por las minas que lo han envenenado.
Un río sin vida, muerto.
XCVI.-
Aguedilla me ha mandado la mejor granada del arroyo de las Monjas.
Que áspera y dura su piel y que rojo brillante sus granos.
Conque placer nos la comemos Platero y yo.
Me recuerda otras granadas, todas riquísimas. Es la granada la fruta orgullo de Moguer por eso está en su escudo.
XCVII.-EL CEMENTERIO VIEJO
Yo quería Platero que conocieras esto. Hay distintos patios donde hay mucha gente.
Pero quería que vieras que desde este silencio se escucha todo: Los niños del enterrador, los cascabeles de los caballos, los gorriones, … Pero sobre todo que vieras esto: Aquí está mi padre.
XCVIII.-LIPIANI
Los jueves salen de paseo los niños de la escuela y Lipiani, el maestro, que es un tragonazo disfruta como nadie.
Hace que cada niño, con el pretexto de probarlos, le den un muerdo de cada merienda y así es el que mejor escapa.
Pero importa poco. ¡Fíjate que contentos iban todos!
XCIX.-EL CASTILLO
Todos los pueblos tienen su “Castillo” Platero. Moguer también.
Su cielo limpio, como una espada de oro limpio.
Sus parejas, con sus nombres y sus historias que los personalizan su mar, su campo, tu y yo.
C.-
La plaza vieja de toros se quemó.
Lo recuerdo, o creo recordarlo, como si de un cromo se tratara.
A veces creo recordar como si yo hubiera estado dentro.
¿Cuánto tiempo estuve? ¿Qué pasó? ¿Cuándo fue?
No lo sé, y cuando lo pregunto todos me contestan con evasivos.
CI.-EL FEO

